“Embébete de la capacidad de fantasía, ten valor para la verdad, agudiza tu sentido de responsabilidad anímica”
Rudolf Steiner. 6 de Sept de 1919 Palabras finales del curso para la inauguración de la pedagogía (GA 295)

Nos dice A. Antonovsky que la “salud no es estática sino un proceso en continuo desarrollo”, donde
nuestra propia capacidad de gestionar la vida y el estrés, son decisivos a la hora de superar la
fluctuación de la salud. La revolución de este concepto es centrar la mirada en los factores que fomentan
la salud en lugar de, como en la visión tradicional previa, buscar los factores que causan enfermedad. De
esta manera, la salutogénesis deja patente el poder y la responsabilidad que cada individuo tiene de
generar realidades salutíferas propias, tanto mentales como físicas. Factores como el habla, la postura
o la actitud ante el mundo, delatan nuestra propia voluntad de enriquecernos a nosotros mismos. 

En este sentido cultivar herramientas de autocompetencia, se convierte en un revulsivo educativo que
inflama de vitalidad e incentiva la acción directa y la expresión personal en el mundo; esto a su vez,
contribuye a ampliar los espacios de posibilitación. Espacios que invitan a vivenciar experiencias a través
de las que poder ejercer el poder de auto-dominarse, proceso siempre previo al de comprender y transformar el mundo circundante. Este es un punto delicado, pues no tiene sentido entender el auto-
dominio como una represión de los impulsos propios, sino todo lo contrario, con la necesidad de vivenciarlos para transformarlos, esa es la base de la maduración de las competencias propias. Es el
caso en nuestra escuela del valor primordial que se da durante la infancia al movimiento libre, la
expresión artística y los entornos que ofrecen desafíos reales. En esta parcela, los objetivos son
individuales, variados y flexibles,y el propio proceso de auto-descubrimiento es la finalidad misma de la
actividad.

En el panorama educativo y social actual, la anulación de la sensomotricidad, de la acción y expresión
propia, o la falta de fantasía debido a la continua exposición a imágenes terminadas, limitantes y
caricaturescas que nos ofrecen los medios, material didáctico, educativo o lúdico, invaden el mundo
interior del niño. Estos conceptos inflexibles, colores chillones y juicio o expectativas del adulto acerca de
lo que significan términos como “aprendizaje, estimulación, diversión”, o el tan mercantil y degradado
concepto de “lo infantil” como producto específico y separado de la realidad, niegan y deforman
perniciosamente su propia percepción del entorno. Todo ello atenta contra el proceso madurativo sano,
suplanta el accionar del niño, lo anula, afectando así su salud y perjudicando gravemente la formación de
su personalidad, sus recursos personales, su fantasía, y en definitiva, su inteligencia emocional, sin la cual
tampoco se desarrolla sanamente su capacidad intelectiva o memorística. He aquí, ante esta saturación
insana tan extendida, cuando comienzan a aparecer disfunciones comportamentales, de aprendizaje o
incluso físicas, que alertan de la falta de salud. Actualmente, estos desordenes afectan al universo anímico
del infante de tal forma que se dan casos graves de falta de alegría, desmotivación o falta de interés por el
mundo. Se trata de un notable problema socio-educativo que acecha de manera acuciante, la sociedad que
construimos.
Edwin Hübner habla de la “mayoridad mediática”, como una meta prioritaria de la educación actual, que
debe proporcionar autonomía y autoregulación con el fin de capacitar a nuestra sociedad futura para
protegerse a sí misma de la tecnología. Usarla con sentido y autodeterminación, sin dependencia. Con
este objetivo, es preciso establecer condiciones para que prevalezca la pregunta propia ante la búsqueda
de respuestas en la tecnología, esto sería síntoma de una maduración trabajada. ¿Cuantas veces nos
sentamos nosotros como adultos ante el ordenador o frente al móvil y es el buscador o la red social la que
devora la tarde sin que seamos capaces de hacer nada para impedirlo? La capacidad de autodirigirse
debe ser adquirida y fortalecida durante la infancia, previamente a la exposición a tecnologías que
debilitan la orientación, dado que esta habilidad se anula, no se practica ante un utensilio de navegación,
capaz de poner rumbo, de imponer las imágenes que definen el mundo ante la ausente participación activa
del individuo no maduro. No hay más que poner a un niño ante la televisión para ver como desaparece
ante ella. Concluye Edwin Hübner, “La abstinencia mediática infantil es la base para la posterior
mayoridad mediática”
En este sentido, debemos fomentar oportunidades de adquirir fortaleza interior, madurez anímica e
independencia durante la infancia, de modo tal que por un lado puedan estar capacitados para
confrontarse con las tentaciones de la época mediática y por otro lado, sean capaces de implementar
aparatos técnicos para sus propias iniciativas.
La medicina de nuestra época contra la falta de interés por el mundo, pasa necesariamente por hacernos
conscientes de los desafíos que presenta nuestra sociedad, pero no de sufrirlos, o sucumbir a la tendencia.
La tecnología nos libera a los adultos, pero la ocupación de la infancia es vivir el mundo, tener
experiencias propias y directas. Pero este vivir, más que un trabajo es un regalo, no apto de ser
suplantado. De aquí, que los mayores regalos que podamos brindar a la infancia sean un entorno adulto
capaz de trasmitir el mundo con pensar propio, flexible interior y exteriormente. El niño es capaz de
alimentarse de ello, así como de las historias de vida de sus referentes adultos. Otro gran regalo es la
participación en tradiciones que año tras año generan un espacio identitario de seguridad y confianza en el
mundo. El desarrollo de destrezas cotidianas, con sentido verdadero, ligadas al contexto social del infante,
es otro gran alimento de disfrute para la infancia; así cocinar, cavar, plantar, siempre dentro de un
contexto real. Un contexto fingido expresamente para simular ser educativo sería una caricatura de la
realidad.
Los hábitos del entorno del niño le hacen sentir alegría de vida, alimentan una coherencia que da sentido
y veracidad al mundo. Por un lado, ese contacto real, se convertirá en la capacidad de contemplar la
verdad de manera independiente, esto es, de ser capaces de tener un juicio propio. Por otro lado, esa
seguridad de un mundo conocido y confiable emanan una coherencia de vida capaces de despertar el
pensamiento claro, móvil y bien estructurado. Esto permite aspirar a transformar el mundo desde uno
mismo, a conducirse de forma autónoma. El vivir experiencias propias genera esa autoregulación que
sostiene según la salutogénesis un sistema inmunitario fuerte, gracias a un sentido de vida activo y
vigorizante, capaz de sanarnos o, en el peor de los casos, mejorar nuestra calidad de vida.

En este aspecto, la posibilidad de desarrollar una fantasía sana y propia durante la infancia, a través de
juegos cantados, canciones y cuentos, dota de una vitalidad singular al infante. Siempre que imágenes
prefabricadas no invadan u obstaculicen la libre interacción de la fantasía individual infantil. Facilitar
espacios de movimiento y juego libre en entornos naturales lo prepara para enfrentarse con alegría y salud
a un entorno que no podemos prever, pero que será capaz de transformar gracias a las herramientas
adquiridas al abrigo de una infancia cuidada.

Equipo interdisciplinar y contexto escolar saludable
En resumidas cuentas podríamos decir que el entorno educativo infantil abarca toda su comunidad, si
bien, existe un contexto escolar que abandera un acompañamiento consciente y reflexivo de lo que ello
significa a nivel social e individual. Para ello dentro de nuestra escuela hemos implementado distintos
recursos que buscan garantizar un seguimiento saludable del proceso educativo.
Las charlas formativas de especialistas colaboradores así como las charlas pedagógicas de los propios
docentes del centro, abordan temas relacionados con los desafíos propios de nuestra comunidad,
facilitando el acceso a la mejora de la salud, tanto en el entorno escolar como en la vida familiar.
El trabajo colegiado del claustro y la colaboración constante o puntual con otros profesionales de la
salud física, emocional y social, facilitan tanto la comprensión de los desafíos que se presentan; en el aula
a nivel individual y colectivo, con las familias, o dentro del propio equipo de trabajo. Todo esto es
igualmente salud escolar que repercute en todo el alumnado y la comunidad. Una de estas piezas clave y
distintivas es nuestra médico escolar Beatriz Lentijo, pediatra con larga y variada experiencia,
especializada en salud escolar. Beatriz visita las salas y participa en el claustro periódicamente,
contribuyendo al feedback del equipo en el seguimiento del alumnado, y apoyando un trabajo eficiente
del profesorado con su larga experiencia en escuelas Waldorf. Con ella tratamos desde la perspectiva
médica temas como: la maduración, fortalezas, debilidades, posibles derivaciones a otros especialistas o
el tema de la nutrición. En este caso, no solo se contemplan directrices generales sino que se atienden
peculiaridades individuales, en las que un cambio de dieta o ritmo de sueño, pueden tener influencia
definitiva en el estado de ánimo, la salud, el comportamiento o la disposición en el proceso de aprehender
el mundo.
La derivación terapéutica. Si bien esta pedagogía está orientada a la salud, no pretende abarcar
tratamientos más específicos. El contacto con un equipo interdisciplinar pone a disposición del claustro
asesoramiento de diversa índole, desde la osteopatía, los reflejos primitivos, la psicología o la
kirofonética. Este contacto permite, no solo derivar casos individuales, si no que despierta al equipo
docente la sensibilidad hacia la mejora de la salud a través de distintas disciplinas, así como a prevenir
dificultades o debilidades, que si bien solo se encuentran sensiblemente manifiestas, puedan dificultar el
crecimiento en cualquiera de sus ámbitos.
Los maestros/as especialistas y en constante formación/sensibilicación hacia lo saludable. El uso
vivencial y espontaneo de la lengua materna de nuestras maestras de idiomas; la profunda conexión con la
música y el movimiento de las maestras de música y euritmia; el interés personal en la agricultura de los
maestros que deciden encargarse de ello; la colaboración de familiares con conocimientos técnicos o de
vida que se dejan guiar por las indicaciones pedagógicas para participar en el ámbito escolar. Todo ello
fortalece un sentimiento de veracidad y realidad que dan coherencia al proceso educativo, proporcionando
una percepción sana de un mundo no falsificado para el aprendizaje, confiable, pleno de sentido práctico
y motivador.
El entorno y materias con carácter higienizante propias de los proyectos Waldorf tales como la música,
la euritmia, la actividad física y artística, así como una relación con el mundo natural cotidiana y
accesible; todo ello conforma un contexto coherente, social, colaborativo y vivencial, que favorece la
experiencia directa, profunda y plural del mundo sensible, capaz de enriquecer la capacidad de percepción
o despertar iniciativa de acción propia y creativa.

La transversalidad de lo social y el autorespeto dentro de los objetivos de enseñanza son otro rasgo
inconfundible de esta pedagogía en la que movimiento, motivación creativa, conceptos curriculares y
respeto tanto propio como hacia los demás o al entorno, rigen una unidad educativa indivisible. Donde el
equilibrio es la máxima de aprendizaje y la ayuda mutua la cotidianeidad más reiterada. Para ello el
conocimiento personal de las cualidades de cada individuo es fundamental para el maestro que guía el
proceso de aprendizaje.
Los maestros tutores ejercen un seguimiento personal y familiar del alumnado, ello junto con las rutinas
propias de la estructura de aprendizaje de este método, favorece un hábito en el hacer. Un entorno
confiable en el que la salud es accesible a los ojos de los tutores, palpable tras el ritmo, el movimiento y
evolución individual de su alumnado.
El trabajo con las familias es una pieza clave en el trabajo salutífero escolar. La estrecha relación con el
tutor permite conocer profundamente las inquietudes, hábitos y posibles trastornos que puedan
comprometer o alterar la salud física, emocional y, por tanto, comportamental de cada escolar. De igual
modo, el compromiso y respeto de las familias por el trabajo que el tutor desarrolla como referente y guía
en la vida de su hijo/a, fortalecen de manera crucial un trabajo que va más allá de lo formativo. Este se
torna edificante y lleno de coherencia, fundamento de un pensamiento claro, verdadero, flexible, propio,
confiado y bien estructurado. La confianza en el mundo adulto, referente durante la infancia, confiere la
coherencia y fortaleza indispensables para una sana maduración del pensar propio, una capacidad de
juicio y de autocomprensión del que se desprende una sabiduría intrínseca hacia el autocuidado, así como
de respeto y reverencia al mundo del que se sienten sanos participes activos.
En palabras de Michaela Glöckler en relación a la Salutogénesis, refiere a Antonovsky.A: “compara la
vida con un río que puede tener profundidades, remolinos, escollos e impurezas que tienen que ser
vencidos. Su pregunta no es ¿cómo puedo escapar a los peligros al hallarme en el río?, sino ¿cómo
puedo convertirme en un buen nadador?”. Después añade: “La salud del ser humano moderno depende
de cómo se piensa a sí mismo”, y añadiría que este pensamiento viene dado, en su cualidad más profunda,
por cómo nuestros referentes durante la infancia hablaban y se comprendían a sí mismos y a su entorno. Y
continúa “…tener experiencias de vida, redescubrirlas… Solo así pueden ser adquiridas cualidades de
carácter humano como respeto, veneración, serenidad interior, devoción, amor y veracidad, llegando a
la autonomía y la autenticidad”.

Bibliografía:
Köner, Henning (2008). Sobre los niños temerosos, tristes o inquietos
Glöcker, Mickaela (2003). Ser niño hoy
Glöcker, Mickaela y varios autores (2008). La dignidad del niño pequeño
Hübner, Edwin (2019). Pedagogía mediática orientada al desarrollo en la era de la desaparición de la escritura
Goddard -Blythe, Sally (2017). El niño bien equilibrado

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