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Rutina, prisa, rapidez, urgencia. Vives en un bucle diario de tareas por hacer y te sientes como el hámster en la rueda. Tu voz interior suena a lo lejos, pequeñita, desvaneciéndose en el ruido de la calle y en el tuyo propio. Necesitas levantar esa pantalla opaca que te ha desconectado de ti mismo, tomar distancia y escucharte. ¿Pero cómo hacerlo?

Viajar al interior y conectar con tu verdadera esencia y con el entorno es el objetivo principal de la Biodanza, un sistema de transformación que unifica la danza y la música mediante la expresión corporal y emocional.

Para Celia Orizia, facilitadora de Biodanza por el sistema Javier de la Sen, conocer y empezar a practicar esta disciplina fue como abrir la puerta a un mundo nuevo. «Empecé a observarme de otra manera y a relacionarme con los demás de forma diferente, más empática, con más escucha», asegura.

Además, Celia es maestra de educación física, máster en educación físico deportiva y tiene la formación Waldorf, que asegura que fue la experiencia que verdaderamente le hizo sentir que estaba en el sitio correcto. «Era lo que quería, no solo para mi niña, sino también para mí», afirma. «Con la formación Waldorf redescubrí mi lado más espiritual, conocí gente maravillosa que hace que mi vida sea más plena todavía y encontré mi verdadera vocación».

La magia de la Biodanza

Con el tiempo, la práctica de Biodanza permitió a Celia abrirse a grupos de personas con los que conectaba. «Pudimos compartirnos desde el encuentro y el baile, y así fue como empecé a superar mis propios límites y barreras, a ir más allá, a conocer espacios que antes no me permitía conocer, sin máscaras, de un modo sincero y verdadero».

Y cuando uno está bien consigo mismo, está bien con el mundo.

«Desde ahí me resultó mucho más fácil poder ayudar a otros a cruzar el umbral de sus límites y miedos, a indagar en sus emociones y sacarlas afuera», confiesa Celia, que actualmente imparte talleres de Biodanza para que otras personas puedan mejorar su salud física y mental, su estado de ánimo, su autoestima y sus relaciones con los demás.

Para lograrlo, la Biodanza trabaja la relajación, la vitalidad, la alegría de vivir, la creatividad, la afectividad y la trascendencia. Y todo en un espacio donde eres libre de expresarte como desees y con el apoyo de un grupo que hace de sostén.

«Mis talleres están pensados para acercar esta herramienta al público en general, para que a través de la danza libre y sin reglas cada uno pueda experimentarse a sí mismo en relación al otro, compartirse y abrirse a lo nuevo, a la escucha interna y, sobre todo, disfrutar de un momento en buena compañía y con buena música», explica.

¿Te gustaría vivir esta experiencia en primera persona?

Tienes la oportunidad de hacerlo el próximo 28 de enero. Haz clic en este enlace y regálate una tarde solo para estar en ti, para escucharte y volver a conectar con lo que de verdad importa.

 

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