La música es un elemento esencial y se torna asignatura central del curriculum de las escuelas Waldorf-Steiner, ya que permite formar integralmente al ser humano a través del sonido y posibilita una «experiencia espiritual». Desde el punto de vista de la antroposofía, al hacer música nos movemos en la frontera entre lo espiritual y lo sensible, siendo la música el arte que está en la frontera entre el mundo físico y el espiritual. Según Steiner «toda la música que se toca o que se escucha en la tierra tiene un origen espiritual y es una mensajera del mundo espiritual, un puente hacia ese mundo que está en nuestra mano. El ser humano se siente tocado interiormente al escuchar música y recuerda inmediatamente, y con nostalgia, su proveniencia, la patria espiritual».

En uno de sus ciclos de conferencias, Steiner afirma que son las mismas fuerzas o energías las que se liberan al producirse la música que las fuerzas que forman al ser humano. En los primeros años de vida, la fuerza de lo musical influye directamente en la formación del cuerpo del niño/a. Cuando el cuerpo físico está formado, tras el primer septenio, la música influye a nivel anímico-espiritual, en el cuerpo astral del ser humano. Steiner recomienda que una vez que el cuerpo del niño/a esté formado debe empezar el manejo y práctica de algún instrumento, no sólo cantar, para que pueda vivenciar de nuevo esa energía que le ha formado corporalmente y siga la formación desde el punto de vista anímico.
Llevar a los niños/as hacia la práctica musical es conducirlos hacia sí mismos, hacia el Ser, y hacia la capacidad de autoformarse física, anímica y espiritualmente. Además, escuchar música y la práctica instrumental decalidad tienen un componente terapéutico, ya que las vibraciones que produce la música resuenan directamente con la vibración del Ser, cuerpo espiritual e inmaterial del hombre.


Autores fuera del contexto Waldorf inciden en este mismo punto cuando aseveran que la relación de los sujetos con el lenguaje de la música durante la vida ayuda en el proceso de transformación del ser humano, no sólo apoyándolo al enfrentar situaciones difíciles, sino también para el desarrollo de nuevas posibilidades de ser y vivir integrado con una realidad que trasciende los problemas que se presenten.

La configuración del curriculum musical en las escuelas Waldorf-Steiner respeta la edad y el desarrollo del niños y niñas, según la antropología antroposófica, y favorece una comprensión del mundo partiendo del conocimiento del micromundo al macromundo, desde el conocimiento propio al conocimiento de la historia de la humanidad. El plan de estudios musicales toma como base la evolución de la humanidad, que corre en paralelo con la evolución corporal, anímica y espiritual del niño/a, relacionándola con los distintos elementos musicales, ya sean rítmicos, melódicos, armónicos o contrapuntísticos.
Las indicaciones de Steiner sugieren que, antes de los siete años, el aprendizaje de la música y de las demás artes debe ser un proceso natural de imitación sin conceptos artificiales ni abstracciones. El niño/a debe sumergirse a través del canto en una gran variedad de ritmos y melodías que le acompañen en la celebración de las estaciones y en las actividades que conforman el ritmo de su vida cotidiana y del ritmo del aula como barrer, comer, lavar, pintar, etc.

En el primer septenio, el niño/a está todavía inmerso en el mundo, vive y se mueve dentro de él, no distingue entre lo que le rodea y ellos mismos. El alumnado de infantil y primer curso de primaria vive la música a través de la escala pentatónica, el intervalo de quinta justa y las canciones populares basadas en temas relacionados con la época del año. Según Steiner, es el intervalo de quinta el que describe el estado anímico del niño/a, ya que se trata de un intervalo que no apela a estados emocionales como el intervalo de tercera, mayor o menor, y su audición provoca espacio anímico interior y una sensación de éxtasis. El mismo efecto de flotabilidad y ausencia de emociones lo produce la escala formada por superposiciones de quintas justas, que es la escala pentatónica formada a partir de la nota La.


Todo lo que en la etapa infantil es movimiento hacia fuera a través de las extremidades, se va interiorizado tornándose en un movimiento anímico interno, que es el impulsor del canto. Según Lievegoed, es en torno a los siete años cuando el cuerpo etérico se empieza a liberar de su tarea de construcción del cuerpo físico. Es entonces cuando la energía del niño/a puede usarse para aprender, desarrollar la imaginación y, sobre todo, para trabajar con el arte, especialmente para el aprendizaje de la música. A partir de los siete años, el niño/a comienza la confrontación con el exterior que requiere el aprendizaje instrumental y por esto se introduce la práctica de la flauta pentatónica. Posteriormente, a partir de los nueve años, se recomienda empezar a tocar un instrumento sinfónico, en especial aquellos de la familia de la cuerda frotada porque la formación del sonido de estos instrumentos comienza en nuestra zona media, centro de nuestras emociones, y porque es el elemento melódico el que prevalece hasta los nueve años. Además, la producción del sonido de estos instrumentos no interfiere en la respiración fisiológica.

Según Lyman, La música en el currículum Waldorf busca traer la presencia viva y curativa de la música a la vida del niño/a, dándole una oportunidad de experimentar su propia individualidad y su relación con la comunidad.

Autora: Ángela Moraza. Profesora del Conservatorio Superior de Música de Sevilla y profesora de música en la Escuela Internacional Waldorf Sevilla Girasol.

Bibliografía:

Lievegoed, B. (2014). Las etapas evolutivas del niño. Madrid: Editorial Rudolf Steiner.

Lyman, A. (2009). Let There Be Music, Part two – The Music Curriculum in the Waldorf School, Grades Five through Eight 5-8. Part two. Renewal Magazine,18(2),18-21

Steiner, R. (2013). La esencia de lo musical. Madrid: Editorial Antroposófica

Steiner, R. (2015). La vivencia tonal en el ser humano. Madrid: Editorial Antroposófica.

Wünsch, W.  (2014). La enseñanza de la música en las escuelas Waldorf. Buenos Aires: Editorial Antroposófica.

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